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miércoles, 9 de septiembre de 2015

A media voz

Gustav Klimt, EL BESO

Si me preguntaras 
qué es lo que más quiero 
sobre la anchura de la tierra, 
yo te contestaría: 
a tí, amor mío, y a la gente 
sencilla de mi pueblo. 

Dulce eres, como la tierra. 
como ella frutal y hermosa. 
Pero a tí te quiero. 
No por bella que eres. 
Ni por lo fluvial de tus ojos, 
cuando ven que voy y vengo, 
buscando, como un ciego, el color 
que se me ha perdido en la memoria. 

Ni por lo salvaje de tu cuerpo indomable. 
Ni por la rosa de fuego, que se entrega 
cuando la levanto del fondo de la sangre 
con las manos jardineras de mis besos. 

A tí te quiero, porque eres la mía. 
La compañera que la vida me dió, 
para ir luchando por el mundo. 

Amo a la gente sencilla de mi pueblo, 
porque son sangre que necesito, 
cuando sufro y me desangro; 
hombres que me necesitan cuando 
sufren. 

Porque nosotros somos los más fuertes, 
pero también los más debiles. 
Somos la lágrima. 
La sonrisa. Lo dolorosamente humano. 
La unidad 
de lo mejor y de lo más deplorable. Lo 
que canta 
sobre la tierra y lo que llora sobre ella. 

De ellos recibí esta voz, este corazón 
inquieto 
que me apoya y me fortalece y me lleva 
consigo. 

Por eso los amo como son 
y también como serán. 
Porque ellos son buenos 
y serán mejores. 
Y juntos nos jugamos 
el destino, con nuestras 
manos que todo lo construyen. 

Así amo yo la vida 
y amo a la humanidad, 
amor mío, 
cuando te amo y amo 
a los hombres sencillos 
de mi bello y horrendo país

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